Cuenca embruja, un encantamiento que deriva de la primaria complicidad entre ciudad y paisaje. Las profundas hoces que tallan los ríos Huécar y Júcar abrazan su cintura, imponiendo sentido y límite a la ciudad. Cuenca es paisaje hasta en su gastronomía, donde el monte está presente en sus platos típicos de caza. Cuenca es color y calor, esa extraordinaria fuerza plástica de la que habla un ilustre forastero transformado en vecino, el pintor Antonio Saura. Hechizo suficiente para que otros pintores como Zóber, Torner, Rueda, Sampere o el mismo Saura hicieran de Cuenca su lugar de preferencia, el punto idóneo para dar vida, en las famosas Casas Colgadas, al Museo de Arte Abstracto Español.
La extensión hasta Cuenca de la Línea de Alta Velocidad que enlaza Madrid con el Levante permite aproximar a la ciudad a las grandes vías de comunicación peninsulares. El tren te dejará en la nueva estación situada a 4 kilómetros de la ciudad, y un servicio de bus urbano te llevará a la estación de autobuses, de la que también parten numerosas líneas que te permitirán desplazarte cómodamente por la ciudad.
La ciudad de Cuenca ofrece un paseo relajado que te permitirá disfrutar de sus encantos. Descubre, como punto de partida, el casco histórico de Cuenca y su aún conservada estructura de ciudad medieval. La Plaza Mayor, su Catedral, la de Nuestra Señora de Gracia, el Ayuntamiento y la Plaza de la Merced. Si continúas tu recorrido hasta la Plaza de Ronda tropezarás de lleno con una de las antiguas puertas de la ciudad y que da acceso al Puente de San Pablo. Y es precisamente en este lugar donde debes hacer una parada contemplativa y disfrutar del símbolo más representativo de la ciudad: sus Casas Colgadas, emblemático edificio gótico de arquitectura civil y que, hasta el siglo XVIII, fue sede del Consistorio de la ciudad.
Descubre sus guisos tradicionales de caza y pesca, elaborados con legumbres, champiñón, ajos, tomate o pimiento. A estos ingredientes de la cocina básica, añádele todos los matices que ofrece la Mancha conquense, en donde se incluyen los excelentes quesos y los buenos caldos, blancos, rosados, y tintos. Pero sin duda, los platos por excelencia de la cocina de Cuenca y que no podrás dejar de probar son el morteruelo, el ajoarriero y el gazpacho pastor. El cordero preparado de diversas maneras también constituye un plato típico; como sucede con el cerdo, cuya matanza siempre ha tenido un protagonismo especial en la zona. Y no olvides probar los zarajos, tripas de cordero limpias y adobadas, que se enrollan alrededor de dos ramas de sarmiento, y que se sirven cortados en rodajas y se toman principalmente como aperitivo.
En cuanto a los postres, déjate endulzar con el alajú, el líder de la repostería conquense hecho con miel, almendras o nuez y obleas.
Y en la parte más antigua de la ciudad, en la Plaza Mayor y sus alrededores, puedes encontrar tiendas de artesanía y cerámica, además de otros establecimientos como confiterías, donde adquirir los dulces típicos de Cuenca.







