Calatayud, ubicada en pleno cruce de caminos entre ambas mesetas, es un enclave donde respirar vida activa al mismo tiempo que historia. Celtas, romanos, árabes y cristianos han dejado su huella en esta ciudad repleta de pequeñas placitas y de grandes jardines que, junto a su conjunto histórico, la convierten en una ciudad de visita obligada en Aragón. Su muralla, de 2.250 metros de recinto fortificado, ha mantenido el paso del tiempo once siglos, dándole todavía en nuestros días un encanto especial a la ciudad. Calatayud es también un lugar donde disfrutar de la gastronomía. Carnes, embutidos, repostería y confitería son los principales reclamos culinarios sin olvidar los vinos de la comarca, con su propia denominación de origen.
Calatayud es actualmente una ciudad muy bien comunicada. A 15 minutos de Zaragoza, 55 minutos de Madrid y a dos horas de Barcelona, la línea de Alta Velocidad permite un viaje cómodo y rápido a los enclaves más relevantes de su entorno. Calatayud dispone de taxis y de autobús urbano con bono que comunica las diferentes zonas de la ciudad. También existe una red de autobuses interurbanos para el desplazamiento a los pueblos de la comarca, Zaragoza, Madrid y Barcelona.
Calatayud, Conjunto Histórico y Monumental desde 1967 y su Mudéjar, Patrimonio de la Humanidad desde 2001, ofrece un paseo agradable y repleto de belleza por descubrir. La Colegiata de Santa María es el monumento fundamental de Calatayud. Su vertiginosa torre mudéjar octogonal, de 68 metros de altura, domina la estampa urbana. Edificada sobre una mezquita, conserva el claustro mudéjar, el único que queda de la que algunos han llamado la ‘ciudad de los claustros mudéjares’, y la sala capitular.
También el castillo Mayor, o de Ayyub –de donde proviene el nombre de la ciudad-, en lo más alto del paraje, se convierte en el lugar idóneo para contemplar el cerco y la ciudad. Además, es lo mejor conservado de la vieja fortaleza, con sus dos torres y el adarve que las une. También podemos disfrutar de un magnífico paisaje desde el Yacimiento Arqueológico de Bílbilis, desde donde se divisa Calatayud a su derecha, con el Castillo Mayor presidiéndolo y a su izquierda la sierra Vicort y por detrás la de Armantes, así como los meandros que va dejando el río Jalón a su paso a los pies del Yacimiento.
Donde hay historia también hay espacio para los buenos manjares y en Calatayud es imprescindible la tradicional ruta de tapeo por los numerosos bares con los que cuenta la ciudad. Son dignas de consideración las verduras de su fértil vega, y de ellas la borraja y los garbanzos con congrio o garbanzos a la bilbilitana. En lo relativo a carnes, el cordero joven, llamado ternasco, asado o en guiso, merece mención especial. Si te gusta el embutido de cerdo, no te pierdas los fardeles, las güeñas, la longaniza y las morcillas de hígado o de cebolla. Todos estos platos, regados con un buen vino, serán un placer para los sentidos.
Además de las rutas de tapeo, la zona comercial del centro de la ciudad te permitirá conocer muchas tiendas de decoración y artesanía. Y, como recuerdo, nada más dulce que pasar por una confitería y probar el bizcocho de ‘suela’ y frutas de Aragón, pequeños trozos de fruta confitada cubierta de chocolate, las guindas al marrasquino, los san roquicos (guirlache con chocolate).







