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28 mar Zamora, vivir la pasión

En Zamora, la Semana Santa, declarada de Interés Internacional en 1986, es una de las fiestas más importantes que vive la ciudad. Su celebración se remonta al siglo XIII y, frente a la algarabía propia de otras celebraciones, la ciudad sigue respetando y manteniendo la austeridad, el silencio y la oración como los ejes fundamentales de la Semana Santa. Las procesiones salen sobre todo por la noche en un escenario sin igual: las empedradas calles de esta preciosa ciudad que se llenan de gente de todas las edades con ganas de disfrutar de una tradición. Las procesiones diurnas destacan por la música y la luminosidad.

La antigüedad de sus cofradías se complementa con la calidad de los grupos escultóricos. El Museo de Semana Santa, ubicado en el casco románico de la ciudad, alberga treinta y siete “pasos” que relatan la Pasión y Ramón Álvarez fue el escultor más prolífico para la Semana Santa, combinando la madera y las telas encoladas.

Ésta puede ser una estupenda ocasión para hacer una escapada a Zamora, disfrutar de su Semana Santa legendaria y adentrarse en una ciudad , pequeña pero bella y muy cuidada, vinculada estrechamente al río Duero, conocida también como la Ciudad del Románico. De hecho, su centro histórico y los barrios que constituyeron su arrabal medieval acogen, junto a la majestuosa catedral y al castillo, la mayor concentración urbana de edificaciones de estilo románico que podemos hallar en la Península con más de veinte templos, su puente de piedra, los recintos amurallados y varios palacios y casas.

Seductora, Zamora invita a pasear por sus calles, a asomarse al río o a acercarse a escucharlo, a mirar y a asombrarse con la historia y las leyendas de la ciudad del Romancero.

No te vayas de Zamora sin saborear su queso, sus garbanzos de Fuentesaúco, lentejas de Tierra de Campos y habones de Sanabria, setas, ternera de Aliste y Sayago, lechazo, chorizo y embutidos. Entre sus platos típicos destacan las tradicionales sopas de ajo, el arroz a la zamorana, condimentado con oreja, hocico y pata de cerdo, y el bacalao a la tranca. Todo ello acompañado de un buen vino de alguna de las tres denominaciones de origen de la provincia (Toro, Arribes y Tierra del Vino). El toque dulce lo ponen las aceitadas, rebojos, amarguillos, cañas zamoranas…Todo un lujo para el paladar.

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